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La ciudad que nació en un lago

La gran ciudad de México

"...y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha por nivel cómo iba a México, nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las de encantamento que cuentan en el libro de Amadís, por los grandes torres y cues y edificios que tenían dentro en el agua, y todas de cal y canto... Y no es de maravillar que yo aquí lo escriba desta manera, porque hay que ponderar mucho en ello, que no sé cómo lo cuente, ver cosas nunca oídas ni vistas y aún soñadas, como vimos".

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España
Bernal Díaz del Castillo


C&occute;digo Mendocino Cuenta la historia, y la leyenda, acerca de un lugar mítico llamado Aztlán, de donde, salió una tribu peregrina en búsqueda de un nuevo territorio, pues según sus dioses, habrían de hallar una señal que les indicaría en que sitio se debían de quedar para vivir y fundar ahí una gran nación. En este lugar nacería la ciudad de México Tenochtitlan, cuya migración llevada a cabo por los mexicas es referida en el Códice Boturini o Tira de la Peregrinación y el Códice Aubin, entre otros.

Fundada en 1325, sobre un islote del antiguo lago de Texcoco, se erigió en el altiplano central o Valle del Anahuac, a una altura de 2240 metros sobre el nivel del mar, y desde entonces y con casi siete siglos de existencia la ciudad de México tiene mucho que contar.

De aquella región lacustre es poco lo que queda; el lago de Texcoco se ha ido desecando y en vez de garzas y carrizales hoy sólo queda una enorme zona urbanizada, sin embargo, es en la memoria donde todavía se recuerda cómo era la ciudad que creció sobre un lago, y cómo la sociedad mexica, primero tuvo que sacudirse el yugo de sus opresores, los tecpanecas, para después constituirse en señores y dueños de una gran imperio que llegó hasta más allá de la región zapoteca y mixteca, hasta el lugar de los mayas. Dicho imperio tuvo una duración de casi doscientos años, y de su grandeza ahora sólo quedan los vestigios de piedra que están localizados en la parte central de la gran ciudad, son los restos del Templo Mayor, una enorme pirámide, entre otras, que cautivó la vista y la imaginación de otros hombres que habrían de conquistar a la sociedad mexica.

Tenochtitlan

Estos hombres serían los españoles, que en 1521 consumarían, no sin dolor y tras una larga lucha de dos años, que incluso llevó a sitiar con barcos a la antigua capital, la que alabara en sus cantos Netzahualcoyotl y, años más tarde, Tezozómoc, el Barón de Humbolt, Bernardo de Balbuena o incluo, ya en pleno siglo XVIII, la Marquesa Calderón de la Barca, quien además, nos descubrió lugares típicos y costumbres de una sociedad post colonial surcada todavía por acequias y canales. De la época colonial nos quedaría una herencia manifiesta en la arquitectura de antiguos palacios y casas construidas con piedra tezontle, las cuales todavía se pueden apreciar y disfrutarse en el centro de la capital; palacios como el del Arzobispado o el del Ayuntamiento; edificaciones como la Catedral Metropolitana; la estatua ecuestre de Carlos IV o, el lugar del paseo colonial por excelencia: la Alameda.

Regida por el poder virreinal, la sociedad novohispana vivió tres siglos de colonialismo marcados por la gran diferencia socioeconómica entre españoles, criollos, mestizos, indígenas y otras razas. Esta diferencia habría de auspiciar el movimiento independentista, que fue una larga lucha por espacio de once años, desde que el cura de Dolores Miguel Hidalgo, iniciara la movilización hasta la llegada triunfante del ejercito trigarante a la capital, hecho que marcaría el inicio de una nueva nación: la mexicana.

La nueva nación traería consigo una serie de cambios en la faz de la ciudad, además de un gobierno peculiar, como fue el sueño imperial de Agustín de Iturbide, en tanto no se lograba la federalización bajo el mando de una figura presidencial, aún así, largas batallas intestinas se sucedieron por doquier. El siglo XIX, fue un siglo de ocupación militar, pérdida territorial, latifundios, invasiones y luchas por el poder. Fue el siglo descrito en la novela de Los bandidos de río frío de Manuel Payno, y en el que el periodismo en México cobró fuerza y emergió el valor de una Constitución (1957), misma que pretendía darle cohesión a un país. Nacieron ya los estados y su forma de gobierno, se instauró el congreso y medianamente se consolidó el poder presidencial, pero aún quedaban muchas cosas por resolver.

Volcanes

La ciudad entonces ocupaba un perímetro mucho menor al actual, a la distancia de su centro quedaba el Castillo de Chapultepec, el cual fue sede del imperio efímero de Maximiliano de Habsburgo, hasta que se logró desterrar a los invasores. Mientras tanto, la ciudad paulatinamente transitaba de una sociedad provinciana a una cosmopolita; fueron años del proceso de industrialización, del crecimiento del ferrocarril, y de la búsqueda de identidad, tal como lo muestra el sueño porfiriano de llegar a ser como una sociedad europea, pues así se construyó el Paseo de la Reforma a manera de emular los Campos Elíseos, de Francia.

El art noveau y el art decó, durante esos años fueron dos de las corrientes arquitectónicas más representativas, tal como se distingue en la Colonia Condesa o en la Roma, en edificaciones como el palacio de Correos, el Hotel de la Ciudad de México y el Ángel de la Independencia. Por eso entonces, se iniciaba el lento e irrefrenable proceso de expansión, poco a poco se fueron integrando al paisaje urbano nuevas colonias, como la Juárez, la Obrera o la Guerrero; fábricas e innovaciones tecnológicas; llegó el cine, se construyeron más teatros y pronto dejarían de circular por las calles, aún de tierra, las calesas y carretas con sus caballos para dar paso al automóvil y el tranvía eléctrico. Atrás quedaban ya los paisajes de José María Velasco.

En lo social, el principio del siglo XX estuvo marcado por el poder dictatorial de Porfirio Díaz, el cual fue derrocado con el movimiento revolucionario encabezado por Madero; la ciudad entonces olía a pólvora y fue testigo del paso de la milicia, fuera maderista, zapatista, carrancista, villista o federal: pero fue la época de los caudillos. Sólo hasta años después se sucedería un gobierno civil.

A finales de los años veinte llegó la radio a la capital, se abrieron nuevos comercios y la ciudad mudó su rostro otra vez, nacieron grandes edificios y en el ambiente se respiraba un aire nacionalista, producto del fervor revolucionario y de autores muralistas como Diego Rivera y Siqueiros. Pronto se constituiría el Distrito Federal y su jurisdicción delegacional, que a partir de la Constitución de 1917 quedaría como sede del poder federal o de la Unión.

Personajes como Lázaro Cárdenas, José Vasconcelos, en la política, Alfonso Reyes, Mariano Azuela, en la literatura, darían testimonio de estos cambios. Pronto emergería una nueva clase en el poder y la creciente burocracia, se construirían unidades multifamiliares, avenidas como el Viaducto Miguel Alemán y la moderna Universidad de México, pronto dejaría de ser una ciudad de medio millón de habitantes, para convertirse en una de las más populosas del mundo.

cdmexico

En la actualidad, la Ciudad de México ocupa 1,499 Km. cuadrados, más la zona conurbada, y padece las grandes dificultades de las urbes modernas: hacinamiento, inseguridad, problemas viales y contaminación, no obstante, la que fuera la región más trasparente del Anahuac, ofrece una pluridieversidad cultural sumamente atractiva. Su arquitectura se transforma, casi no hay espacio donde no exista el comercio, y su vida política y social es intensa. Por ella circulan más de tres millones de vehículos diariamente, pero sin duda, la ciudad no reposa ni se agota en su historia, se transforma.

SERGIO VICARIO

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